sábado, 15 de julio de 2017

Sunshine - István Szabó, 1999.-


“Si no hay Dios y nunca lo ha habido, ¿por qué lo echamos tanto de menos?”. Esta pregunta (una de tantas que propone la película) nos introduce en el último acto de Sunshine. Ésta es una de esas raras gemas del cine, una película poco conocida - pese a que tiene un elenco lleno de estrellas - pero muy rica en cuanto a los temas que aborda y a su forma de contar y sobre todo, bellamente filmada. Sobre la base de la historia de una familia judía húngara desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, Szabó (director, autor de la historia original y co-guionista) reflexiona sobre las tradiciones, el comunismo, el nazismo, la religión, el antisemitismo, la asimilación cultural, las relaciones familiares y la consolidación de la identidad individual y colectiva.-


La película se estructura en tres partes bien diferenciadas más un epílogo, cada segmento protagonizado por Ralph Fiennes, brillante en los roles de Ignatz Sonnenschein/Sors, Adam Sors e Iván Sors, los hombres de la familia cuya historia recorre Sunshine a lo largo de tres generaciones. Para cada parte, Fiennes compone un personaje completamente distinto que se presenta como una expresión de la época en la que vive: Ignatz, nieto e hijo de comerciantes judíos, ha llegado a graduarse en Derecho y pronto se convierte en Juez del Imperio Austro - Húngaro. Es modesto, reflexivo, fiel súbdito del Emperador, intenta ser justo y digno de su cargo aunque para ello deba traicionar su identidad. Su hijo Adam, en cambio, tiene la seguridad en sí mismo de quien sabe lo que quiere y cómo lograrlo, y cuando encuentra algún obstáculo que no puede superar, estalla en ira. El hijo de Adam, Iván, es el más complejo de los tres: luego de pasar su adolescencia en un campo de concentración, se incorpora a la policía militar del gobierno soviético, ejerciendo su cargo de manera implacable; pero en su esfera privada es vulnerable y aniñado, como si hubiera quedado suspendido en el tiempo como el muchacho que fue durante la Guerra. Pese a la preeminencia de Fiennes, que aparece ya sea en imagen o en voz en off en cada escena, una de las características más interesantes de Sunshine es el equilibrio que existe en el reparto, que actúa como un verdadero ensamble. En los roles más destacados encontramos a Rachel Weisz, James Frain, John Neville, Mark Strong, William Hurt, Miriam Margolyes y a Jennifer Ehle y a Rosemary Harris (hija y madre en la vida real) quienes comparten el rol del pilar de la familia, Valerie Sonnenschein/Sors, la esposa de Ignatz.-


El otro aspecto cautivante de Sunshine es el uso de elementos visuales para contar la historia. En la primera parte, en la que las cuestiones de la identidad nacional y de la asimilación cultural son centrales (es en esta etapa que los jóvenes de la familia cambian su apellido de Sonnenschein a Sors para sonar “menos judíos” y “más húngaros”), los colores nacionales rojo y verde están presentes en notas más o menos preponderantes en cada escena, siempre saturados. En la segunda parte, cuando los hijos de Ignatz y de Valerie se convierten al catolicismo, predominan las alegorías de elementos del cristianismo. En particular, los espacios en los que se desarrollan las principales escenas recuerdan a catedrales, son espaciosos y ceremoniales y uno de los momentos más dramáticos (que no revelaré para no cometer spoilers) tiene una gran carga simbólica en el mismo sentido. Finalmente, la tercera parte en la cual las actividades de Iván como policía militar ocupan un lugar importante, la estética se vuelve opresiva y predominan los tonos verdes en la iluminación, sugiriendo una influencia maligna. Desde el punto de vista estético, la segunda parte es tal vez la más interesante, porque en ella se filtran elementos visuales de las otras dos, lo cual no sólo permite que exista una integración entre las diferentes partes (en ningún momento sentimos que haya comenzado una nueva película) sino que además refleja que los problemas de las partes primera y tercera están presentes también en la segunda: Adam y sus contemporáneos enfrentan situaciones que ponen en juego su identidad, tal como sucedió con la generación anterior, y son víctimas de un régimen totalitario, como también lo será Iván.-
Hacia el final de la película (que incluye un pequeño homenaje a Citizen Kane), Szabó presenta una serie de contrastes entre todo lo que Iván Sors ha perdido y encontrado; el epílogo nos lo muestra solicitando el cambio de su apellido por el de Sonnenschein y, luego, caminando entre la muchedumbre con la cabeza en alto, perdiéndose a lo lejos. Me resulta muy poderosa esta idea de que al recuperar su identidad, Iván puede por fin “mezclarse”, integrarse a la sociedad y es que en definitiva, luego de una amarga reflexión acerca de la volubilidad de las masas, Szabó concluye realzando la importancia del individuo y de la memoria y las tradiciones.-